En estos tiempos donde la desigualdad social reina en el mundo, está aumentando una dolorosa epidemia, que algunos sociólogos dan dado en llamar: muerte por desesperación
La clasificaron en tres tipos: suicidios, alcoholismo, sobredosis de drogas. No hay país en el cual sus habitantes no la padezcan. Mal de muchos… Por ello la gravedad de este mal que di en llamar pandemia de la desigualdad, resulta un llamado de alerta máxima para todos nosotros, en especial, aquellas que creemos ser personas de bien…
Cada uno de estos tipos de muerte por desesperación se manifiesta de diferentes formas. El suicidio que especialmente se está produciendo en jóvenes de 25-35 años y en mayores de 70 en adelante. Son explicados por frustraciones de diferentes causas: en los jóvenes sienten que no tienen futuro, ante una sociedad cada más compleja y que no brinda las oportunidades de capacitación para las exigencias laborales. Pero también el individualismo extremo, que se establece como regla de vida, hace que los jóvenes se sientan vacíos y desprotegidos incluso de su círculo íntimo: padres, hermanos, amigos. Cada uno en la suya no percibe (¿por falta de tiempo?) la angustia y la soledad que viven. Esto último sucede con mayor frecuencia en los grupos sociales más capacitados y de mejor condición económica. En los adultos mayores, a menudo solos y solas, uno de los perores males de este colectivo es la soledad y problemas de salud que nos son atendidos por los estados, se sienten descartables
El alcoholismo una de las causas de muerte más históricas, hoy esta pandemia se extiende a los más jóvenes casi niños que consumen desproporcionadamente alcohol bajo sus distintas presentaciones, dependiendo de su condición social, sin el registro de los adultos o peor aún con la indiferencia de los mismos
También en la sobredosis de drogas, se manifiesta la profunda desigualdad social: desde el paco para los grupos más vulnerables hasta los distintos juegos de riesgo y drogas sintéticas o de diseño, en los grupos más formados y de alto poder económico.
¿Cuál es la falta que atraviesa a esta epidemia social? La atención amorosa del otro, la ternura de la que nos hablaba Francisco. Por ello, todos y todas nos debemos una tarea urgente detectar a nuestro lado, a nuestro costado, las llagas que la sociedad está produciendo y actuar, hacer lío… atender, alertar, denunciar, acunar de algún modo para evitar en la medida de nuestras acciones las muertes por desesperación.
Desde el peronismo tenemos claro que, las organizaciones libres del pueblo son un antídoto contra esta epidemia social. Los clubes de barrio, de jubilados, los gremios, grupos organizados de distinto tipo y tenor, las unidades básicas, las asambleas barriales, etc. Son lugares de contención afectiva y efectiva para las soledades que la crueldad y desapego están afectado a cada vez a nuestros contemporáneos
María cristina Campagna 5/05/02026
